Sobre el silencio

David González Raga

“Vamos, vamos, que la eternidad aguarda”
Hablar del silencio… ¿Pero es posible hablar del silencio? ¿No es el silencio precisamente lo opuesto a la palabra? ¿No son las palabras, como dice la escritura, odres viejos y gastados incapaces de contener ya el vino nuevo del significado? ¿No será ésta una empresa abocada de partida al fracaso? ¿No es acaso el silencio lo que primero se rompe cuando pronunciamos una sola palabra?

¿Cómo hablar del silencio, por otra parte, en un mundo tan ruidoso como el nuestro? ¿Cómo hablar del silencio cuando nuestra conciencia está atrapada tratando de resolver la contradicción entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos? ¿Cómo hablar del silencio cuando la disparidad entre interior y exterior, entre nosotros y los demás, es tal que vivimos como si se tratase de dos entornos contrapuestos? Son precisamente esas contradicciones las que alimentan el diálogo en que habitualmente nos hallamos sumidos. Y esa contradicción difícilmente se resolverá sin el correspondiente trabajo de integración intra e interpersonal, respectivamente. Mal se llega a lo transpersonal sin atravesar y unificar antes adecuadamente esas otras dimensiones.

Pero, aun en el supuesto de que diagnostiquemos bien el problema, nuestra sociedad nos ha acostumbrado a enfrentarnos a todas estas cosas de un modo exclusivamente voluntarista, sin la comprensión y la actitud adecuadas. Apenas identificamos que algo va mal en nuestro interior, dividimos en dos nuestro mundo interno, ubicamos a nuestro ego en la lista de los terroristas más buscados y emprendemos la caza del ego como si fuese una cruzada de reconquista. Somos especialistas en tratar de “resolver” las cosas a machetazos, a cristazos… o a golpes de represión que, para el caso, es lo mismo.

Pero esa actitud que trata al ego como si fuese una especie de delincuente, obviamente, no hace sino intensificar los problemas. También aquí es necesario un cambio de talante que nos ayude a relacionarnos mejor con nosotros mismos y con los demás. «El hombre ha ganado sobre los animales el estado de ensueño —dice un clásico— y todavía nos queda un largo camino por recorrer para llegar a despertar plenamente»

Sólo cuando nuestra cabeza, nuestro corazón y nuestro cuerpo se orienten en la misma dirección encontraremos realmente el sosiego necesario.

Les invito ahora a llevar a cabo un pequeño centramiento:

Atiendan a estas palabras… luego atiendan al silencio… después atiendan al ritmo que alterna silencio y palabras… y, finalmente, escuchen simultáneamente el eco de las palabras resonando en el inmenso campo abierto del silencio.

Cierra los ojos y presta atención a su cuerpo. Acomódalo para poder permanecer quieto durante un rato. Date el tiempo necesario para ello, como si estuvieras buscando el mejor modo de estacionar tu vehículo corporal. Siente —no imagines, ni visualices, ni pienses— siente tu cuerpo… Siente el peso de las grandes masas que lo componen… siente el peso de su cabeza… desplázala lentamente hacia delante, hacia un lado, hacia el otro, hacia delante y hacia atrás y haz los ajustes necesarios para que todo su peso repose naturalmente sin tener que sostenerla. Siente el peso de tu tronco… siente cómo todo ese peso descansa en el respaldo y el asiento que les sostiene, el respaldo de la silla y el asiento… o, mejor todavía, en tus soportes naturales, la columna y la cadera. Date cuenta de que no necesitas realizar esfuerzo alguno para sostenerte y date también cuenta de que puedes soltar el exceso de esfuerzo que habitualmente haces para mantener la postura…

Siente la musculatura del rostro… y aflójala… siente la musculatura del cuello y de la nuca y aflójalos…siente ahora la musculatura que recubre pecho y zona dorsal y deja ir… ablanda esa coraza, no hay nada ahora de lo que debas defenderte… descuelga el peso de los hombros y del tronco en su percha natural, clavícula y columna, como cuando cuelgas una camisa en el ropero… siente la musculatura del abdomen y de la zona lumbar y afloja toda tensión superflua… que el abdomen pueda moverse libremente con el vaivén de la respiración… mientras el respaldo y el asiento te sostienen sin necesidad de hacer absolutamente nada. Siente ahora el peso de los hombros, los brazos, los antebrazos, las manos y los dedos y deja que se sostengan solos… y haz lo mismo también con muslos piernas y pies… Déjate estar y permanece quieto, aunque ello te implique el supremo esfuerzo de hacer nada…

Presta ahora atención a la respiración… observa su vaivén y, cuando inspires, siente las aletas de la nariz… siente el flujo del aire refrescando las fosas nasales al inspirar… siente su frescor entrando en tu garganta… siente cómo abre tu traquea y penetra en tus pulmones… siente todo ese recorrido a cada nueva bocanada… aletas, fosas nasales, traquea y bronquios… y que tus vías respiratorias están completamente abiertas… el mismo flujo del aire se encarga de abrirlas… siente como, con cada nueva inspiración, tus pulmones se expanden en todas direcciones… te invito a degustar el sabor del aire… aletas, fosas nasales, traquea, bronquios y bronquiolos… oxigenándote y renovándote a cada nueva inspiración. Como si, cada vez que inspirases, tu interior fuera tornándose menos denso, más gaseoso… más etéreo… Siente ahora como, cada vez que expulsas el aire, se caldean las zonas por las que pasa… como si sólo fueras vía respiratoria. Siente el vaivén de la respiración… y déjate mecer por ella, como si la respiración fuese un columpio que llevaras incorporado y déjate mecer por su ritmo… lento… profundo… completo… y continuo, sin retención al inspirar, sin retención al espirar… una y otra vez, una y otra vez… Aquí estás… con la misma fruición del niño que acaba de aprender a columpiarse… que acabar de darse cuenta de que hay un momento para empujar y otro para soltar. Aquí estás, sintiendo el latido mismo de la vida, sintiendo que no es preciso hacer nada para ser, sintiendo la simple sensación de ser…

Siente ahora la superficie externa de los párpados y aflójalos… siente su superficie interna rozando la córnea y deja ir… siente ahora simultáneamente la esfericidad de los dos globos oculares… y, detrás de ellos, siente los pequeños músculos que habitualmente los mueven… siente más atrás todavía, como si te zambulleras en el interior de la cabeza… y deja de hacer… trata simplemente de seguir estas indicaciones… como si tu cabeza fuese un tarro de miel que súbitamente se desfondase y todo tú te abismases por él… dejándote llenar de silencio… cada vez internamente más etéreo, cada vez internamente más transparente…

Quieto… sosegado… y silencioso… en este inmenso espacio en el que todo emerge y discurre… emergen las sensaciones corporales, los sentimientos y los pensamientos y, sin reaccionar a ellas, perduran un rato y acaban desapareciendo… como las nubes se desplazan por el cielo o la noche sucede al día. Deja de interferir con el discurrir de las cosas y aprende a mecerte al vaivén de la vida.

Aquí estás… sin hacer nada para ser… más allá del bosque simbólico en el que habitualmente estás perdido… en ese más allá que, paradójicamente, más aquí está… suspendido grácilmente del vacío… sin oponerte a él… a su servicio… todo sustantivo, sin adjetivo alguno…

Aquí estás, quietamente presente… sosegadamente presente… silenciosamente presente…. Hete aquí… presente… en la Presencia que todo lo impregna, entreabres las persianas de los párpados, entreabres las ventanas de los ojos y posas la mirada, sin fijarla, en un punto, consciente de la simple sensación de ser y, simultáneamente, de todo lo que, de manera copresente, abarca tu mirada. Con las ventanas de los sentidos bien abiertas y los ojos abiertos hacia adentro, veo todo lo que ocurre, escucho todo lo que ocurre, huelo todo lo que ocurre y degusto todo lo que ocurre. Como una casa mediterránea con las persianas, puertas y ventanas bien abiertas dejo que la luz me atraviese, completamente transparente, sin ofrecer resistencia alguna, dejando que el aire me renueve a cada bocanada. Acodado en el quicio de lo que habitualmente me separa del mundo y de los demás me doy cuenta de que no hay frontera ni diferencia alguna entre cuerpo y mente, dentro y fuera, aquí y allí, tú y yo. Así permanezco unos minutos, consciente de la simple sensación de ser, como caña vacía cimbreando al viento…

gate, gate, paragate, parasamgate… (más allá, más allá, mucho más allá, todavía más allá…)…
¿Acaso le falta algo al momento presente?

***

Así pues, las preguntas con que iniciábamos esta charla se responden solas y se revelan ilusorias apenas nos colocamos en nuestro centro y renunciamos a todo intento fútil de hablar del silencio y de silenciar la palabra. Cuando realmente nos damos cuenta de que ya estamos en nuestro sitio y nada nos separa de nuestro ser se desvela el último misterio. Entonces es cuando el Silencio —la más rotunda de las realidades— se hace Presencia y el universo enmudece. Entonces —y sólo entonces— es cuando se desvanecen las dualidades.

Ya no se trata entonces de hablar del silencio ni de acallar la palabra, sino de callar desde el Silencio…

…pero también de hablar desde el Silencio, de cantar desde el Silencio y hasta de danzar desde el Silencio. Porque, aunque habitualmente no nos demos cuenta de ello, el Silencio del que estamos hablando nada tiene de silencioso, ése es un Silencio atronador, ese Silencio es estruendo y, ante él, sólo cabe cantar y celebrar el gozo de existir, cada uno a su modo, cada uno con sus recursos particulares, cada uno con su propio instrumento, el que mejor haya aprendido a tocar lo largo de toda su vida en este concierto que juntos estamos componiendo y ejecutando instante tras instante. Entonces es cuando el cuestionamiento anterior de las palabras como odres viejos se cae por su propio peso y las mismas palabras gastadas se preñan del sentido de una conciencia que pugna por abrirse a nuevos significados. ¿Es que acaso podemos contentarnos con menos que Eso?

Les invito por último a que, si algo de lo dicho o hecho aquí les ha llegado, no aplaudan, no se pongan aún en movimiento ni hablen todavía con sus compañeros. Dense el tiempo necesario para que todo esto vaya asentándose e impregnando su vida cotidiana. Dispónganse a tomar tierra sí pero, como dice el chiste, sin atiborrarse de ella. Háganlo sin más tensiones físicas de las justamente necesarias, desde una disposición emocional sosegada y escuchen el eco que todo despierta en el inmenso espacio abierto de su conciencia.

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El yoga de las perspectivas primordiales

Alejandro Villar

El modelo integral

El modelo integral de Ken Wilber trata de incluir e integrar la mayor cantidad de verdades de distintas disciplinas y ramas del conocimiento como es posible. Desde el punto de vista de este modelo integral, una visión abarcante hoy en día debería incluir, al menos,  los diferentes niveles de consciencia, tal como se manifiestan en lo individual y en lo colectivo, en lo subjetivo y en lo objetivo (los cuatro cuadrantes o las perspectivas de 1ª, 2ª y 3ª persona); las diferentes líneas o aspectos que se desarrollan a través de los distintos niveles en cada uno de los cuadrantes; los diferentes estados en cada cuadrante y los diferentes tipos dentro de cada nivel.
En definitiva el modelo integral trata de incluir las distintas aportaciones de la premodernidad, la modernidad y la postmodernidad, lo cual es posible porque hoy en día tenemos acceso al conocimiento de todas las culturas y tradiciones.
De la premodernidad tomamos la Gran Cadena del Ser, complementada por el conocimiento actual más detallado de los distintos estadios en cada una de las líneas que recorren esa Gran cadena, así como con la comprensión de la evolución y de los correlatos materiales de la consciencia. De la filosofía postmoderna tomamos la comprensión de tener en cuenta los marcos interpretativos, es decir los contextos culturales y sociales, o sea la comprensión de que la consciencia no solo es algo individual, también es algo moldeado social y culturalmente.
Desde punto de vista espiritual la importancia del modelo integral es que nos da un mapa más detallado del samsara (la manifestación), que nos ayudará a trascenderlo más fácilmente encontrando el nirvana (la consciencia infinita sin forma). En el siguiente paso, el de la integración de samsara y nirvana, nos ayudará a que esa integración sea más abarcante y compasiva, pues estaremos teniendo en cuenta la mayor cantidad de aspectos posibles en nuestro abrazo. El asunto es que los elementos del modelo integral representan aspectos reales del Kosmos que si no tenemos en cuenta nos pueden influir o sabotear de forma inconsciente.
La “fase 5” del modelo de Ken Wilber o el modelo intetggra post-metafísico
Todo lo visto representa la fase 4 del trabajo de Wilber (para más detalles ver mis ponencias de años pasados: http://207.44.196.94/~wilber/es/villar-es.html y http://207.44.196.94/~wilber/es/jornadas_I_2_villar.html ) y es ligeramente reinterpretado en lo que muchos llaman (también Wilber a veces) Wilber 5 o post-metafísica integral y su contrapartida práctica, el pluralismo metodológico integral. Este modelo trata de liberar a la visión espiritual de todo su bagaje premoderno (metafísico) para que pueda ser legitima y sobrevivir en el mundo moderno y post-moderno.
Así como el mito y el dogma son el material de la religión metafísica, la experiencia directa y la ciencia profunda son la base de una espiritualidad post-metafísica. Gran parte de los filósofos perennes ya usaban métodos post-metafísicos, y por ello sus comprensiones son bastante validas. Pero muchas de sus interpretaciones eran metafísicas, porque aquel era el marco interpretativo disponible en aquel momento.
Por ejemplo, para las tradiciones espirituales el desarrollo espiritual consiste en re-descubrir niveles preexistentes que fueron creados durante la involución. Para la modernidad y, sobre todo, para la post-modernidad, nada es preexistente y, por lo tanto, redescubierto, todo es construido.
Lo que se requiere es una reconstrucción post-metafísica de las tradiciones espirituales, una forma de derivar los aspectos básicos de la visión espiritual- del satori o la salvación como una “vuelta a casa” a la existencia de niveles u olas de consciencia- pero sin postular realidades ontológicas preexistentes (que solo podríamos justificar mediante especulación metafísica). Si no podemos hacer eso, entonces la espiritualidad no tendrá respetabilidad intelectual en el mundo moderno y postmoderno.
La cosa es que en cualquier momento dado, los estados superiores están disponibles colectivamente, aunque lo estadios superiores no lo estén (no obstante,  estos estadios superiores pueden ser forjados en formas particulares por individuos o sangas); pero cuantos más individuos entren en los estados superiores, se vuelven más fácilmente disponibles como estadios colectivos (o hábitos Kósmicos), estadios que parecen a priori pero son realmente a posteriori—esta es la esencia de la explicación post-metafísica de los potenciales más elevados sin considerarlos como preexistentes. Así que los distintos niveles de consciencia serían algo plástico en gran medida, y la “Gran Cadena” es solo un vasto gradiente morfogenético de potenciales, y no un conjunto de niveles predeterminados a través de los cuales la humanidad debe pasar en su camino hacia la Realización. No obstante, una vez que un nivel de consciencia emerge en suficiente gente, entonces ese nivel se transforma en un patrón Kósmico para el desarrollo futuro, y se vuelve un nivel fijo a atravesar en el desarrollo.
La filosofía premoderna era metafísica (i.e. asumía sin problemas la existencia ontológica de varios planos, niveles y reinos de realidad trascendente); sin embargo la filosofía moderna es primariamente crítica ( investiga las estructuras del sujeto conocedor y pone en duda el estatus ontológico de los objetos del conocimiento), y así la modernidad trajo una actitud crítica muy saludable sobre este tema,  (aunque se pasó en su celo crítico y muchas veces eliminó todos los objetos de conocimiento excepto los materiales). Como hemos mencionado, el problema de las tradiciones espirituales (y las aproximaciones metafísicas) es que tienden a tomar los niveles de consciencia como preexistentes, independientemente del preceptor de esos dominios. Pero la investigación moderna y post-moderna ha mostrado como los trasfondos culturales y las estructuras sociales moldean profundamente la percepción en todos los dominios. De esto no podía ser plenamente consciente la filosofía perenne por que no diferenciaba lo suficiente los cuatro cuadrantes. Por todas estas razones, hablar de los niveles como realidades ontológicas independientes es muy problemático, y por ello Ken Wilber tiende a enfatizar las facetas epistemológicas de los niveles de consciencia sobre las meramente ontológicas.
El modelo post-metafísico solo admite  que algunas cosas podrían ser preexistentes desde la involución, serían patrones realmente arquetípicos (o prototípicos) que podemos suponer razonablemente que existen desde antes del comienzo de la evolución, es decir, desde antes del Big Bang. Hay una forma mitológica que nos puede ayudar a expresar  lo que no puede ser explicado conceptual o dualísitcamente: cuando el Espíritu se “arroja a sí mismo  hacia fuera” (a eso se le llama involución) para crear este universo particular deja vestigios y reverberaciones de esa expulsión Kósmica.  Estos vestigios constituyen muy poco del contenido de las formas, las entidades y los niveles. Son más bien un enorme campo morfogenético que atrae gentilmente (Ágape) hacia niveles más amplios y profundos, una atracción que se manifiesta como Eros en todos los holones. (así que Ágape es el Espíritu tirando de todos los holones hacía sí, lo que produce Eros, o el impulso de todas las cosas hacía el Espíritu, por lo tanto son la dos caras del mismo impulso). Todas la cosas son Espíritu jugando a ser Otro. Por ello en todas las cosas está Eros, el impulso de encontrar el Espíritu. En el plano relativo eso se manifiesta como la tendencia a alcanzar niveles más profundos, diferenciados y abarcantes. Lo holones tratan de buscar en el tiempo lo que al final solo puede encontrarse más allá del tiempo. Sí todos los holones tienden hacia el Espíritu, el Espíritu también desciende hacia lo holones, y a eso se le llama Ágape.  Además de Ágape y Eros, ¿hay más cosas prexistentes desde la involución? Podemos suponer que hay otras:
–    Un gradiente morfogenético en el reino manifiesto. Esto se refiere a la curvatura del espacio/tiempo a través de todas las formas posibles de la matriz AQAL: Eros opera a través de un gradiente de creciente inclusividad. Este gradiente (torpemente expresado por las tradiciones premodernas como una serie de niveles y planos preexistentes que van de la material al Espíritu, la “gran cadena del Ser”) representa una inclinación del universo hacia Dios. La involución crearía, no una serie de niveles prefijados, si no un enorme campo morfogenético de potenciales, definidos no por sus contenidos y formas  prefijados si no por su posición relativa en el deslizante campo.
–    Ciertas formas o patrones prototípicos. Por ejemplo, muchos físicos postulan que ciertas leyes físico-matemáticas como preexistentes, pues ya actuaron en el mismo momento del Big Bang. Ken Wilber propone que los 20 principios que siguen todos los holones son la formas residuales del Gran Sueño, ecos del Gran Olvido que puso esta ronda en movimiento, formas involucionarias que fueron tatuadas en la piel traslucida del radiante Kosmos en su puesta en marcha.

Debemos ser muy cuidadosos de no confundir las cosas existentes a priori  porque han emergido en la evolución- que no son pre-existentes eternamente, si no creadas por la historia temporal, caótica y evolutiva y legadas al futuro como hábitos que entonces son existentes a priori en un sentido temporal- y las cosas existentes a priori desde la involución, que son lo que debes tener antes de poder tener cualquier otra cosa, y, por lo tanto, parecen existir desde o antes del Big Bang.
Como vemos en la versión metafísica en la involución el Espíritu ya deja casi completamente fijadas las reglas del juego de la evolución. La visión post-metafísica del Espíritu ve el asunto de forma más creativa: ciertas reglas de juego muy básicas son creadas al principio, el resto va surgiendo  creativamente en la evolución.

(Paréntesis: los 20 principios holónicos
Los 20 principios son simplemente algunas de las tendencias de los sistemas en evolución donde quiera que los encontremos; son “patrones kosmicos”. No hay nada sacrosanto acerca del número “20”. Algunos de estos son simplemente definiciones, otros son tendencias reales. El principio 2 tiene realmente 4; el 12 tiene 5 (son 19); hay 3 adiciones (22); pero al menos dos principios son simples definiciones (e.g. 7, 9), lo que da a cerca de 20. Pero el lector interesado puede probablemente encontrar más que añadir (o eliminar)…
1.- la realidad como un todo no está compuesta de cosas o procesos, sino
por holones (totalidades que son partes de otras totalidades; e.g los átomos son partes de moléculas, que son partes de células, que son partes de organismos, etc.).
2.- los holones muestran cuatro capacidades fundamentales:
autopreservación (individualidad), autoadaptación (comunión), autotrascendencia (eros) y autoinmanencia (agape).
3.-  los holones emergen.
4.-  los holones emergen holárquicamente.
5.- cada holón emergente trasciende pero incluye a sus predecesores.
6.- lo inferior establece las posibilidades de lo superior; lo superior
establece las probabilidades de lo inferior.
7.- el número de niveles que comprende una jerarquía determina si esta
es “superficial” o “profunda” y el número de holones en un nivel dado
le llamaremos su “extensión”.
8.-  cada nivel sucesivo de la evolución produce mayor profundidad y
menor extensión.
Adición 1: cuánto mayor es la profundidad de un holón, mayor es su grado de consciencia
9.- destruye un holón de cualquier tipo y habrás destruido todos sus
holones superiores y ninguno de los inferiores.
10.- la holarquías coevolucionan.
11.- lo micro está en una relación de intercambio con lo macro en todos
los niveles de su profundidad.
12.-  la evolución es direccional.
A.    Mayor complejidad
B.    Mayor diferenciación/integración
C.    Mayor organización/estructuración
D.    Mayor autonomía relativa
E.    Mayor telos
Adición 2.- todo holon emite un IOI(incompleto o incierto) al kosmos.
Adición 3,. Todos los IOIs se saldan en el vacío
Fin paréntesis sobre 20 principios holónicos)

El pluralismo metodológico integral
Es el paradigma asociado a la metateoría integral. Trata de integrar la distintas metodologías que sirven para investigar cada uno de los cuadrantes, es decir, las formas de investigación que sirven para poner de relieve aspectos de alguno de los cuadrantes. Se constituye así todo un sistema operativo integral (SOI) que combina  específicamente todos los modos de investigación puestos a punto hasta el momento (por ejemplo: empirismo, fenomenología, hermenéutica, teoría de sistemas,…) con el fin de producir una aproximación al Kosmos lo más abarcante posible, es decir que tenga en cuenta tantos aspectos como sea posible y que evite ignorar alguna dimensión. Se incluyen todas estas metodologías y disciplinas integrándolas en un marco integral, trascendiendo sus parcialidades, absolutismos y prácticas excluyentes.
Por seguir con la metáfora informática cualquier cerebro operando con el SOI escanea automáticamente todos los fenómenos- interiores y exteriores- buscando cuadrantes, niveles, líneas, estados o tipos que no están siendo tenidos en cuenta. Entonces el SOI actúa para corregir este desequilibrio y ayuda a mover al sistema a una posición más inclusiva e integral.
El SOI, el paradigma integral, es un conjunto de prácticas, no de teorías. Las teorías mapean el territorio, los paradigmas lo descubren en primer lugar. La palabra “integral”, indica que el pluralismo no es un mero eclecticismo donde tomamos una serie de paradigmas sin relación, si no un metaparadigma que teje todas sus hebras en un tejido integral. Pero sobre todo es metodológico, un paradigma real o conjunto de prácticas y experimentos que descubren el territorio, no meramente un nuevo mapa holístico sin territorio.
El pluralismo metodológico integral tiene dos aspectos uno paradigmático y otro el metaparadigmático. El aspecto paradigmático hace referencia a los distintos paradigmas integrados. Sobre ellos actúa el aspecto metaparadigmático, relacionando deliberadamente esos paradigmas, por ejemplo, siguiendo el mismo fenómeno simultáneamente en distintos cuadrantes. Estas practica metaparadigmáticas descubren relaciones integrales u holónicas que ya eran operativas pero no visibles para la consciencia no integral.
Principios integradores que dan lugar al Pluralismo Metodológico Integral
La esencia de la Metateoría integral: “ todos tienen razón”
En general los distintos paradigmas proporcionan datos o experiencias reales en determinadas parcelas del Kosmos. Tener esto en consideración nos lleva a honrar incluir e integrar los paradigmas y metodologías   fundamentales de todas las formas de investigación humana (tradicional, moderna y postmoderna).
El modelo integral (AQAL) es una metateoría que trata de integrar la mayor cantidad de material proveniente del pluralismo metodológico integral, honrando el primer requisito de un abrazo integral: “todos tienen razón”. No se trata de decir que paradigma está bien y cual no, si no de tratar de explicar qué tipo de Kosmos permite que todos esos paradigmas hayan aparecido.
Primer principio: No Exclusión
Una cosa es decir “todos tienen razón” y otra, muy distinta, es ser capaz de integrar de forma coherente paradigmas que, en algunos casos, parecen contradictorios. Parece haber, al menos, tres principios integrativos que pueden sernos útiles en esta empresa- es decir, principios que nos puede ayudar a incorporar el mayor número de verdades del mayor número de fuentes.
El primer principio integrativo útil es la no exclusión. Esto significa que podemos aceptar  las distintas verdades validas (es decir, verdades que superan las pruebas de validez de sus propios paradigmas en sus propios campos, sea en la hermenéutica, la ciencia, la espiritualidad, etc.) siempre y cuando hagan declaraciones sobre la existencia acerca de los fenómenos que descubren y no cuando hablan sobre la existencia de fenómenos descubiertos por otros paradigmas. O sea, un paradigma puede juzgar competentemente en su propio espacio del mundo, pero no en otros espacios descubiertos, y sólo vistos, por otros paradigmas. Así que un paradigma no puede ser usado para negar, excluir, oprimir o colonizar violentamente otros paradigmas, otros campos, datos de otros dominios, otras experiencias experimentales. En definitiva, un paradigma no puede ser utilizado para excluir otros paradigmas legítimos.
Así se liberan los paradigmas limitándolos, lo que quiere decir que, desde un punto de vista integral, los limites ya existentes de un paradigma particular se vuelven evidentes, y así, cuando un paradigma opera dentro de sus limites, las conclusiones de ese paradigma son más creíbles, mientras que no lo son las que se refieren a parcelas dentro de sus limites. Parte del problema de los distintos paradigmas individuales y los campos que crecen a su alrededor es que esos paradigmas pretenden cubrir la totalidad de la realidad, y cuando fallan en esa empresa, la totalidad del paradigma es puesto en tela de juicio o rechazado, cuando todo lo que se necesita rechazar es su pretensión de exclusividad.
Segundo principio: Despliegue
Cuando se trata de no excluir a ningún paradigma, varios de ellos pueden entrar en conflicto. Este segundo principio puede ayudar a evitar esto.
La naturaleza holónica u holárquica del fluir de la existencia- donde cada momento o cada verdad es trascendido e incluido por el siguiente momento o por otra verdad más amplia- se resume en el principio del despliegue. Este principio sugiere que los paradigmas, como todos los momentos, son en sí mismos verdaderos y adecuados; pero algunos paradigmas pueden ser más abarcantes, inclusivos y holísticos que otros. Esto no hace que los paradigmas estén equivocados, simplemente son validos aunque parciales.
Así que todos pueden e razón porque unas visiones tienen más razón que otras. Ninguna está totalmente equivocada; simplemente algunas son más inclusivas, abarcantes, holísiticas, trascienden e incluyen más cosas. Pero que las moléculas sean más inclusivas que los átomos no significa que nos podamos librar de los átomos, o que los átomos pueden ser negados. Ser una verdad parcial es todavía ser una verdad.
La metateoría AQAL maneja esto de la siguiente forma: específica el lugar concreto de la matriz AQAL desde el que un paradigma legítimo se aplica, y los fenómenos que ese paradigma pone en evidencia son tan ciertos como pueden serlo en esas coordenadas de la matriz AQAL. Así se pueden integrar varios paradigmas próximos, siendo cada uno reconocido y apreciado como valido en su parcela concreta del Kosmos.
El principio integrativo del despliegue nos permite reconocer las muchas verdades parciales en cualquier proceso que se desarrolla y se despliega. Nótese bien que este principio no se aplica entre distintas corrientes: es decir, no puede usarse para violar el principio de no exclusión. Solo se aplica a fenómenos en la misma corriente general o paradimática.
Tercer principio: Enacción
Los fenómenos no están simplemente ahí fuera esperando ser vistos. A eso se le llama “el mito de lo dado”. Los fenómenos son co-creados, traídos a la existencia, puestos de manifiesto,  iluminados por una serie de experimentos, paradigmas o practicas sociales (“si quieres saber esto, haz esto”). Todos los paradigmas y experimentos son realizados por un sujeto (o grupo de sujetos), y todos los sujetos tiene disponibles diferentes estados de consciencia. Por ello cada estado pone de manifiesto un mundo diferente. Ese es exactamente el principio de la enacción: la subjetividad pone de manifiesto un mundo fenomenológico en el acto de conocer ese mundo.
Los sujetos no perciben mundos, si no que los co-crean. Diferentes estados en los sujetos ponen de manifiesto mundos diferentes. Para la teoría AQAL, esto significa que los fenómenos puestos de manifiesto por los diversos tipos de investigación humana serán diferentes dependiendo de los cuadrantes, niveles, líneas estados y tipos de los sujetos poniendo de manifiesto el fenómeno. Un sujeto en un nivel de consciencia no co-creará y pondrá de manifiesto el mismo espacio del mundo que un sujeto en otro nivel; y lo mismo par cuadrantes, líneas, estados y tipos.
Esto no significa que los fenómenos no estén ahí de forma objetiva; significa que no están ahí para todo el mundo. MacBeth existe, pero no para mi perro. Las Células con ADN existen, pero solo pueden ser vistas por sujetos usando microscopio. El nirvana existe, pero no para un nivel de consciencia dualista, etc. Los fenómenos existen, se ponen de manifiesto solo para sujetos que pueden co-crearlos, ponerlos de manifiesto.
Esto nos permite integrar paradigmas  aparente inconmensurables. No nos centramos en los fenómenos, si no en las practicas que los ponen de manifiesto. Esas practicas vienen de diversos lugares en la matriz AQAL.  Si el principio del despliegue nos permitía comparar paradigmas de la misma línea, este principio nos permite comparar paradigmas de distintas líneas. Individuos que hayan puesto de manifiesto los fenómenos de distintos paradigmas, pueden compararlos. Así, por ejemplo se puede comparar la física y el misticismo, y llegar a la conclusión de que ambos tratan con dominios reales, en distintas parcelas de la matriz AQAL..
Estos tres principios- no exclusión, despliegue y enacción- son tenidos en cuenta para responder al hecho de que numerosos paradigmas diferentes son ya practicados competentemente en todo el mundo; por lo tanto la pregunta no es cual es correcto y cual está equivocado, si no como es posible que todos ellos estén surgiendo en el Kosmos. Estos tres principios tienen que estar operando ya en el universo para que todos estos paradigmas puedan estar surgiendo.
Siguiendo estos tres principios, el pluralismo metodológico integral integra paradigmas que ponen de manifiesto fenómenos en cada uno de los cuadrantes. Algunos ejemplos: la fenomenología y la introspección iluminan, ponen de manifiesto aspectos de la primera persona del singular (cuadrante superior izquierdo); la hermenéutica y la investigación colaborativa ponen de manifiesto aspectos de la primera y segunda persona del plural (intersubjetividad, cuadrante inferior izquierdo); el empiricismo y el conductismo ponen de manifiesto aspectos de la tercera persona del singular (cuadrante superior derecho); el funcionalismo y la teoría de sistemas ponen de manifiesto la tercera persona del plural (interobjetividad, cuadrante inferior derecho). Por supuesto, hay muchos otros modos de investigación importantes, pero esos son algunos de los más significativos históricamente, y que ciertamente cualquier pluralismo metodológico integral querría integrar.
El Yoga de las perspectivas primordiales
Cada cuadrante puede ser visto desde el interior o desde el exterior, dando lugar a las 8 perspectivas primordiales disponibles para cada holón. No vamos a entrar aquí a describir esas 8 perspectivas, los interesados pueden consultar el extracto C del volumen 2 de la trilogía del Kosmos. Lejos de ser algún tipo de sistematización abstracta, estas 8 perspectivas resultan ser los espacios fenomenológicos desde los que se han creado las formas más importantes de investigación humana.
El universo manifiesto está compuesto de holones, y como todos los holones son seres sintientes, estás dimensiones o perspectivas de ser-en-el-mundo acompañan a los holones donde quiera que aparezcan- de los átomos a las hormigas a los primates- no necesariamente como perspectivas autorreflexivas, sino como dimensiones de su propio ser-en-el-mundo. En otras palabras, estas perspectivas están en todos los seres sintientes. ( Por supuesto, si uno no está cómodo extendiendo la consciencia hasta los niveles más superficiales- como los átomos- puede sentirse libre de situar la aparición de cualquier tipo de experiencia o proto-experiencia en cualquier punto (y entonces puedes suponer a los holones más superficiales como “precursores” de la experiencia y de la consciencia) . Presumiblemente cuando llegamos a los humanos, las perspectivas primordiales de la primera, segunda y tercera persona han aparecido, y puedes empezar desde ahí).
Si vemos el Kosmos como compuesto primariamente de seres sintientes- y no compuesto de sistemas, procesos, redes, información, materia, energía, etc.- entonces tenemos un Kosmos compuesto de perspectivas- y no sentimientos, consciencia, percepciones, etc. Si los quarks tienen algún tipo de interioridad un quark es una primera persona. Y cualquier cosa que ese quarck registre no es otra particula, sino una segunda persona.
Cada ser sintiente (u holón individual) registra otros seres sintientes (u holones individuales) a su propia manera experiencial o protoexperiencial.- pero ninguno de ellos puede registrar su existencia de otra forma que no sea una perspectiva. Nunca hay un sujeto que ve un objeto. No hay una percepción donde una entidad ve otra, porque eso es ya una perspectiva de una  primera persona hacia una segunda o una tercera persona. Así, no hay espacio real que no sea siempre ya un espacio-surgiendo-como-una perspectiva. Decir que los cuatro cuadrantes aparecen simultáneamente es decir que las dimensiones ontológicas y las perspectivas epistemológicas son una y la misma cosa, por eso se las puede llamar dimensiones-perspectivas. Es decir, la primera, la segunda y la tercera persona siempre aparecen en escena juntas.
¿Hay alguna percepción que no sea una perspectiva?. Probablemente sí, y tiene que ver con el nirvikalpa o la consciencia sin forma (o puro vacío- la consciencia sin objeto, por lo tanto sin perspectiva). El samsara (el mundo de la forma) está compuesto de perspectivas, y el nirvana (o el Vacío) es percepción pura sin objeto o perspectiva. La unión del Vacío y la Forma es, por tanto, la unión de percepción y perspectiva, donde en mi percepción pura soy uno con todo lo que emerge (aunque se exprese a través de mi perspectiva particular, con la que ya no estoy identificado). Encontrar el Vacío es una libertad de todas las perspectivas (un nirvana libre de samsara); unirlo a la forma es encontrar la Plenitud de perspectivas que es la única que puede expresar esa Libertad (la no dualidad de samsara y nirvana). La Sabiduría es trascender las perspectivas la Compasión abrazarlas a todas.
Pero el camino que lleva a encontrar esa Percepción allende las perspectivas suele pasar por ampliar las perspectivas al máximo. Cada holón es una apertura en la que se dan esas tres perspectivas. Cada holón más profundo es una apertura mayor en la que esas perspectivas pueden ser más amplias.
El modelo integral, el SOI, al explicitar las distintas perspectivas tiende a hacer nuestra apertura más amplia ayudándonos a ir alcanzando la profundidad infinita que potencialmente nos pertenece. Así, si ampliamos al máximo la primera persona, eso nos llevará al Yo, al Testigo puro que observa inafectado el despliegue impersonal del Kosmos (la tercera persona llevada al límite). La segunda persona llevada a su máxima amplitud es el alma humana en sobrecogedora comunicación con lo divino. Pero incluso antes del infinito, que nuestra apertura sea más amplia, integrando más perspectivas, nos va a dar un enfoque más compasivo, eficaz y abarcante de cualquier asunto. En estas jornadas veremos como el modelo integral puede iluminar distinto asuntos. Manuel Márquez  nos hablara de las crisis y su importancia en la transformación; Maribel Rodríguez de las relaciones de pareja; Ralph Pochadt de la empresa y los negocios; Stuart McNichols de la educación;  Raquel Torrent de la practica transformativa integral (una de las aplicaciones particulares del pluralismo metodológico integral); etc.

Y cuando nuestra apertura sea lo suficientemente amplia quizás comencemos a entrever esa Percepción que trasciende toda perspectiva; ese silencio profundo de nuestro Corazón (que es el Corazón del Kosmos), y de eso nos habaran Alfonso Colodrón y David González.

Diferenciación, disociación e integración. El psicoanálisis y Ken Wilber

Octavio García

En el trabajo que presenté el año pasado para las II Jornadas Ken Wilber, hice énfasis en la importancia y la complementación del trabajo psicológico y el camino espiritual, que constituyó el interés inicial de Wilber en su obra, y que pienso que nunca ha abandonado. El núcleo del trabajo giraba en torno a una frase ya célebre de Wilber en Breve historia de todas las cosas que reza

“si usted no hace las paces con Freud será muy difícil que alcance al Buda”

En la presente exposición, quiero profundizar en la necesidad del trabajo psicoterapéutico en un sentido amplio (considerando en este sentido tanto la relación profesional, como el vínculo maestro-discípulo, como la pareja, etc…) para un desarrollo espiritual sano, basándome además en el propio trabajo de Wilber. Para esta ocasión, he orientado mi atención a través de uno de los temas centrales de su obra, me refiero a su concepción misma del desarrollo de la conciencia. ¿En qué consiste el desarrollo de la conciencia para Wilber? El lo plantea de forma clara y determinante, el desarrollo de la conciencia es un “proceso de progresiva diferenciación”. Pero, qué significa la diferenciación, qué significa diferenciarse, de qué hay que ir diferenciándose. Fue en el capítulo 10 del Proyecto Atman titulado “La forma del desarrollo” que como él mismo nos indica es “el más importante del libro”, casi literalmente reproducido dos décadas después en el más extenso capítulo 10 del Ojo del Espíritu donde nuestro autor presenta detalladamente su concepción del mismo. Como él mismo dice

“El hecho es que, con la emergencia de una estructura de orden superior, el yo –de manera normal, natural y apropiada- termina identificándose con la nueva estructura. No obstante, a lo largo del proceso evolutivo cada nivel se va diferenciando –o, por así decirlo, “despellejando”- del yo. Así es como el yo acaba por desidentificarse de la estructura presente y pasa a identificarse con la estructura supraordenada emergente o, más concretamente (y éste es un punto técnicamente muy importante), el yo abandona su identificación exclusiva con la estructura inferior. No se trata, pues, de que el yo se despoje completamente de esa estructura, sino tan sólo que deja de estar exclusivamente identificado con ella (es decir, básico/permanente versus provisional/exclusivo). El caso es que, al diferenciarse de la estructura inferior, el yo termina trascendiéndola (sin negarla, en modo alguno), y de ese modo puede operar sobre la estructura inferior utilizando las herramientas que le proporciona la nueva estructura emergente. El Ojo del Espíritu., pag.238

Así, el proceso del desarrollo (tanto vertical como horizontal en Wilber) sigue una secuencia esquemática ideal de diferenciación, desidentificación, trascendencia e integración. Sabemos que en Wilber esta dinámica transcurre a través de las diversas estructuras básicas a las que se refiere, y que simplificadamente sintetiza en cinco, la materia, el cuerpo, la mente, el alma y el Espíritu. Pero además Wilber nos explicita de forma impecable este proceso de diferenciación

“en cada uno de los distintos estadios del proceso de evolución y re-membranza (anamnesis), una modalidad del yo se convierte en un mero componente del yo supraordenado (antes de la emergencia de la mente, por ejemplo, el cuerpo era la modalidad del yo, pero a partir de ese momento se convierte en un mero componente del yo). Y esto puede expresarse de formas muy diversas, cada una de las cuales nos revela algo importante sobre el desarrollo, la evolución y la trascendencia: 1) La totalidad termina convirtiéndose en parte.
2) La identificación se convierte en desidentificación.
3) El contexto se transforma en contenido (es decir, el contexto de la cognición/experiencia de un nivel se convierte en un mero contenido de la experiencia propia del próximo nivel).
4) El fondo se convierte en figura (con lo cual se libera del fondo de orden superior).
5) Lo subjetivo pasa a ser objetivo (hasta que ambos términos pierden todo su significado.
6) La condición se transforma en elemento (es decir, la mente –que es la condición a priori de la experiencia egoica- termina convirtiéndose en un mero elemento a posteriori de la experiencia de los dominios supraordenados.”
El Ojo del Espíritu., pag. 239

En relación a estas formulaciones es que Wilber identifica desarrollo y trascendencia, a través de la diferenciación que culmina en procesos más y más abarcativos de integración, es decir, más diferenciación hasta que emerge aquello que es el fundamento de todo, hasta que

“sólo perdura la unidad preexistente desde el mismo origen que no ha dejado de ser el alfa y el omega del periplo del alma a través del tiempo.” El Ojo del Espíritu., pg. 240

Desde luego esta serie de formulaciones pueden aplicarse a todo proceso de diferenciación en cualquiera de los niveles y dentro de ellos, de modo que no sólo hace referencia a la trascendencia en el sentido de los niveles evolutivos en sentido vertical, sino que es aplicable a lo que Wilber llama la traslación, es decir, el desarrollo en sentido horizontal. Y dado que él trabaja a fondo con el desarrollo a través de la diferenciación vertical, aquí quiero prestar atención al desarrollo horizontal y a la verticalidad descendente una vez alcanzado el nivel del ego mental y los procesos de diferenciación e integración que conforman parte del trabajo psicoterapéutico. Pero antes es necesario reconocer que Wilber no se limitó a actualizar o poner énfasis en la concepción del desarrollo que hizo suya, sino que también ha recogido y presentado exhaustivamente los peligros que conlleva el proceso de crecimiento como diferenciación. Como destaca frecuentemente a lo largo de los últimos años especialmente, toda diferenciación puede ir demasiado lejos y producir disociación, es decir, un distanciamiento entre los aspectos diferenciados que no hace posible una adecuada integración de lo diferenciado. Este es para Wilber el ámbito característico de la patología. Para la presente exposición prescindiré de las elaboraciones que nos presenta sobre la diferenciación y la disociación del llamado El Gran Tres (la Ciencia, el Arte y la Moral).

“En el caso de la evolución del ser humano, por ejemplo, una cosa es diferenciar la mente del cuerpo y otra, muy distinta, disociarlas; una cosa es diferenciar la cultura de la naturaleza y otra, completamente distinta, disociarlas.” El Ojo del Espíritu., pag 86

Para hilar con más finura respecto a la disociación en el ámbito de la interioridad que ocupa la presente exposición resulta imprescindible acudir al psicoanálisis y a Freud.

“Más allá de estos niveles inferiores no soy ningún entusiasta de Freud, pero dentro de ellos, sin embargo, resulta difícil encontrar un genio que se le parezca.” Más allá del Edén. pag. 82

En 1895, S.Freud, en sus famosos Estudios sobre la histeria trabaja intensamente para dar cuenta de los fenómenos psíquicos productores de la enfermedad. La disociación de la conciencia es característica de los trastornos histéricos, es decir, un funcionamiento psíquico donde operan de forma más o menos simultanea dos grupos o contenidos psíquicos, sin aparente relación entre sí, como consecuencia de la represión de una parte de los mismos. Desde entonces, el psicoanálisis ha dedicado un enorme esfuerzo en la comprensión de los fenómenos de disociación, uno de los cuales es la represión, que aparece conceptualizada en Freud como resultado del conflicto. Tengo que decir que en el psicoanálisis se suele hablar de forma más o menos indistinta de disociación o escisión, sin bien algunos autores conceden a la disociación un grado de separación más acentuado que a la escisión, que adquiere su mayor grado de gravedad en la fragmentación, característica de las psicosis extremas. El término represión, como en estos tiempos consideraba, es una forma de disociación de contenidos de la conciencia, uno de los cuales opera de forma inconsciente y el otro consciente sin aparente conexión entre si. La represión por tanto es disociación con una parte netamente inconsciente, por lo que se habla de disociación vertical, en tanto que la disociación en su acepción más común, hace referencia a dos ámbitos o contenidos que operan alternativamente en la conciencia pero con desconexión o mutuo desconocimiento entre sí en el seno del reconocimiento de la conciencia. Entre los casos extremos nos podemos hallar en el territorio de las personalidades múltiples. El término escisión adquirió gran significación en la obra de Melanie Klein, al referirse a ella como un mecanismo de defensa muy primitivo frente a la angustia infantil, por el cual el objeto materno es escindido entre bueno y malo, llevando a su vez a la escisión del propio yo en bueno y malo. Para el psicoanálisis el conflicto es inherente al vivir y el desarrollo está sembrado de conflictos, de modo que se darán escisiones y disociaciones en grados diversos de forma inevitable. Como hemos señalado anteriormente podemos entender la disociación en sentido general como la coexistencia de representaciones o contenidos internos de tipo opuesto o incompatible sin aparente contacto o conexión entre sí en la conciencia del sujeto. Desde luego la patología en psicoanálisis viene entendida a través de la diferenciación, las identificaciones, el conflicto, la disociación, la escisión, la represión y el resto de mecanismos defensivos, y es evidente el fundamento psicoanalítico de Wilber en relación con la patología ubicada en los niveles prepersonales y personales. Veamos qué nos dice el diccionario sobre la escisión del yo:

“Término utilizado por Freud para designar un fenómeno muy particular cuya intervención observó especialmente en el fetichismo y en las psicosis: la coexistencia, dentro del yo, de dos actitudes psíquicas respecto a la realidad exterior en cuanto ésta contraría una exigencia pulsional: una de ellas tiene en cuenta la realidad, la otra reniega la realidad en juego y la substituye por una producción del deseo. Estas dos actitudes coexisten sin influirse recíprocamente.” Diccionario de Psicoanálisis. Laplanche & Pontalis

Si bien Freud lo remite a la patología grave, en una acepción más amplia podemos reconocerlo como una dinámica extraordinariamente frecuente en nuestra vida, como enseguida planteo. La elaboración psicoanalítica ha sido de incomparable valor para Wilber en la comprensión de las raíces infantiles primitivas de la psicopatología. Evidentemente la patología es algo extraordinariamente complejo, y en relación al proceso de diferenciación y la aparición de la disociación, nos dice

“Estos componentes escindidos (o, dicho de otro modo, disociados) actúan a modo de lesiones en la conciencia que luego tienden a boicotearla con expresiones sintomáticas (es decir, patologías diversas). En tal caso, el yo no puede desidentificarse y trascender esas facetas alienadas de su propio ser –que ahora permanecen ocultas y enajenadas (a modo de “burbujas” de apegos inconscientes, identificaciones inconscientes, inmersiones inconscientes e intenciones inconscientes)- “a las que no se ha muerto” y que, en consecuencia, tampoco “han sido abandonadas” . Son, por el contrario, “pequeños sujetos” que se niegan a la diferenciación y a la trascendencia y, en ese mismo sentido, también se niegan a ser realmente integrados y que, desde el escondrijo en que se hallan atrincherados -desde el locus de su fijación y apego inconsciente- sabotean, a modo de terroristas, el funcionamiento del psiquismo. Es la enajenación, la represión y la patología del yo.” El Ojo del Espíritu., pag 156.

En relación con el proceso de diferenciación, el psicoanálisis facilita la comprensión del grado de diferenciación hasta el yo autónomo suficientemente sano, capaz de amar, trabajar y estudiar como afirmaba W. Reich. Se entiende así que cuando se contempla la poca diferenciación de un sujeto, se suele querer decir que su conciencia ha emergido poco significativamente del funcionamiento infantil, de modo que se le hace muy difícil asumir una perspectiva de responsabilidad y realismo práctico acorde con las exigencias de la vida adulta. Que está identificado parcialmente pero excesivamente con una visión infantil pese a una edad física adulta y al desempeño adaptado de determinadas funciones adultas. En la psicoterapia, la diferenciación de lo infantil y de los objetos internos que ahogan el crecimiento constituye un aspecto fundamental en el trabajo; cuanto esfuerzo y dedicación prestamos a la diferenciación de la propia identidad del yugo de la identificación a ideologías rígidas, posiciones o conductas afectivas inflexibles, consecuencia de vínculos paternos insanos inevitablemente interiorizados que someten o esclavizan visiones, sentimientos o acciones de mayor libertad y madurez.

Ahora bien, en relación con el tema que deseo centrar, planteo que el problema no está únicamente que la diferenciación llevada al extremo genera disociación (entendida como desconexión entre lo diferenciado) sino que el proceso mismo del desarrollo a través de la diferenciación, conlleva ineludiblemente disociaciones, represiones y fijaciones en grados diversos; a mi modo de ver difícilmente puede ser de otra manera, al menos en la cultura occidental, por las formas de crianza y a su vez por la inevitable conflictividad del vivir y el crecimiento. En psicoanálisis la fijación se concibe como una “inhibición del desarrollo”, y que duda cabe de que todos tenemos que bregar en algún grado con ellos. Si por otro lado apelamos a Wilber III y consideramos la veintena de líneas del desarrollo que en general menciona y que siguen su curso de desarrollo a través de las grandes estructuras básicas mencionadas, con sus respectivos conflictos en sus procesos de diferenciación e integración, nos resulta obligado pensar la infinita variedad y diversidad de aspectos disociados con los que se enfrenta el yo en su ascenso hacia los niveles más elevados del desarrollo potencial. De modo que la cantidad de trabajo psicológico que tenemos no puede nunca quedar marginada o menospreciada, bajo peligro de desarrollar una espiritualidad que bien podemos considerar psicológicamente insana, es decir, capaz en el mejor de los casos de haber alcanzado algunos niveles importantes en el desarrollo, pero con notables huecos disociativos en muchos niveles. Además, estas consideraciones creo que son la forma de concebir la psicología integral en Wilber III, es decir, no únicamente en el sentido de la diferenciación ascendente en todo el espectro, así como los cuatro cuadrantes en el posterior Wilber-IV, sino también la diferenciación y la integración horizontal en las estructuras básicas y también entre las líneas del desarrollo, a través de la regresión al servicio de la trascendencia como dinámica primordial para el trabajo con las disociaciones en los estadios prepersonales y personales, es decir, el continuo trabajo integrador del yo a lo largo y ancho de los estadios y líneas por los que ha ido transitando.

“el yo cumple con muchas funciones cruciales […) y, por encima de todo, [es) el asiento de la integración (en el sentido de que es el responsable de integrar las diversas funciones, modalidades, estados, olas y corrientes de la conciencia.)” Una visión integral de la psicología., pg. 357. Notas

Los fenómenos de disociación (lease, escisión, represión y desde un punto de vista amplio los diversos mecanismos defensivos que dividen la conciencia) pueden darse de muchos modos y maneras, por lo cual el trabajo para reducir la disociación adquiere una notable importancia, de forma permanente para quienes trabajamos intensamente en el campo de la psicoterapia.

“Si el desarrollo del yo y el desarrollo espiritual no son antagonistas sino que forman parte del mismo espectro de la conciencia, las lesiones que tienen lugar durante el primero obstaculizan la emergencia del segundo.” El Ojo del Espíritu, pag 349

“no estoy sugiriendo que debamos dejar de lado el trabajo en el reino ordinario (el trabajo corporal, la consolidación del ego) en aras de un trabajo con el alma o el espíritu porque, sin el necesario fundamento de un ego fuerte, los reinos superiores no pueden convertirse en una realización permanente, estable e integrada.” Una visión integral de la psicología., pg. 215

Por todo lo mencionado como expresión de parte de la obra de Wilber, es necesario poner mucha atención en el trabajo sobre la integración para no sólo evitar en lo posible la disociación, sino para reducirla continuamente, pues como he mencionado va a resultar inevitable su existencia. A mi modo de ver, se nos impone un trabajo continuo de retroceso, descenso, revisión y regresión terapéutica con la finalidad de contactar y escuchar no sólo las escisiones, disociaciones y fijaciones en nuestra trayectoria, sino necesariamente porque la materia, el cuerpo y la mente son una fuente continua de comprensiones y nos informan, seamos o no capaces de escucharlos, de nuestro ser en el mundo, y no únicamente esto, sino que es necesario considerar las posiciones que consideran la espiritualidad inherente al cuerpo y a la sexualidad a su vez. Por esto es evidente que el proceso de diferenciación-creación de las olas o estructuras transpersonales de la conciencia que nos plantea Wilber de acuerdo a su visión de la sabiduría de las Grandes Tradiciones Espirituales, no debe nunca suponer una alienación o menosprecio del potencial propio de las olas prepersonales y personales, que poseen sus limitaciones pero también sus esenciales necesidades, cualidades y saberes. No sólo hay que evitar la disociación como tarea típicamente curativa y creativa, sino mantener y profundizar en el cuidado y escucha de las estructuras básicas desde la materia a la mente de forma constante, cuidadosa y receptiva, para una verdadera realización de la conciencia integrada. Por esto, y en parte desafiando el criterio esencialmente progresivo de Wilber, me parece muy equilibrado considerar el desarrollo consciente como simultáneamente regresivo y progresivo, para que sea integral y sano, es decir, en términos de trabajo retroprogresivo, según la feliz formulación de S.Paniker.

Diferenciación tras diferenciación, integración tras integración, las tradiciones espirituales en las que sostiene su visión K. Wilber nos conducen al reconocimiento de nuestra condición última de ser, el ser mismo. El proceso de diferenciación de la conciencia lleva a una progresiva diferenciación de la conciencia de todos sus contenidos, hasta revelarse ella misma como la auténtica condición de ser. Normalmente pensamos que la conciencia es siempre conciencia de algo, pero en su dimensión última, la conciencia es conciencia de sí misma, como condición o naturaleza última del sujeto, es decir, el sujeto es en última instancia conciencia. La conciencia es la única fuerza que puede responder a la pregunta sobre quién soy, aunque evidentemente no lo puede hacer usando las palabras y los referentes sensoriales de las que dispone la mente, porque la mente que piensa es incapaz de conocer y dar cuenta de aquello que está más allá de ella.

“Se cuenta que una mujer agonizante se vio llevada, de repente, ante un Tribunal celestial.

* ¿Quién eres? –le preguntó una voz.
* Soy la mujer del alcalde –repuso ella.
* Te he preguntado quién eres y no con quién estás casada.
* Soy la madre de cuatro hijos.
* Te he preguntado quién eres y no cuántos hijos tienes.
* Soy maestra de escuela.
* Te he preguntado quién eres y no cuál es tu profesión.
* Soy cristiana.
* Te he preguntado quién eres y no tu religión.
* Soy una persona que iba todos los días a la iglesia y ayudaba a los pobres.
* Te he preguntado quien eres y no lo que hacías.

III JORNADAS KEN WILBER. Madrid, 13-14 de mayo del 2005.

Bienvenida de Ken Wilber

¡¡Hola a todos mis amigos en España!!

Estoy muy contento de que hayaís tomado el tiempo para reuniros en el nombre de un acercamiento más integral del individuo, del mundo y del Kosmos en su totalidad. En estos tiempos que corren en los que el tratamiento de los temas suele ser realizado desde una visión fracturada y troceada, donde cada parte y perspectiva de primer nivel está en guerra con cada una de las partes restantes, la visión integral viene con los brazos abiertos y las sonrisas sanadoras en medio de toda esta locura. Por lo tanto os felicito a todos. Me encuentro muy agradecido por el tiempo y el esfuerzo que estamos todos poniendo en hacer del planeta un lugar de profundidad y asombro, luminosidad y liberación, gloria y agradecimiento.

El mundo se encuentra en una necesidad desesperada de un acercamiento integral como este, en prácticamente, todos los cuadrantes. Cada ser humano está dividido contra si mismo. Las culturas están separadas entre ellas. Los organismos sufren enfermedades autoinmunes y los sistemas globales están auto-destruyendose. Lo que todo esto tiene en común, es que está generado por una falta de conciencia evolutiva que avance hacia las olas de afecto y conciencia trans-planetaria, más integrales y transparentes. Es tarea de cada persona, llevar la evolución al Kosmos, desarrollándola en si mismos. Es por eso, que en el nombre de un presente más profundo y de un mañana más amplio estoy encantado de daros la bienvenida a todos.

Os envio mucho amor, luz y bendiciones

Ken Wilber

Comprensión de las relaciones de pareja desde una perspectiva integral

Maribel Rodríguez

Este trabajo parte de la idea de definir qué es una pareja desde una perspectiva integral. Es decir, tratar de considerar los elementos que constituyen una relación de pareja desde una perspectiva que considere el mayor número de dimensiones de la realidad posibles, para escapar de reduccionismos o visiones parciales.

Desde esta perspectiva integral hay que tener en considerar no solamente los diversos aspectos implicados en la relación sino también el mayor grado de realización o completud de dichos aspectos. Es decir, que hay que ver las diferentes dimensiones implicadas y a la vez si se han realizado de una manera completa y en una relación armónica con el resto. Por ejemplo, si consideramos un cuerpo aislado podemos ver las diferentes partes que lo constituyen (piernas, brazos, cabeza, etc.), a continuación ver si están enteras y funcionan bien cada una por separado y por último comprobar que hay una armonía de funcionamiento entre cada una de las partes, es decir que por ejemplo no haya una descoordinación de movimientos. Yendo a una relación de dos podríamos hacer algo parecido considerando primero las partes de la relación que hay que tener en cuenta, después ver si esas partes funcionan bien y por último si hay una armonía en el conjunto de ambos.

La pareja supone una situación de interacción intensa emocionalmente, entre dos personas que implica a las diferentes dimensiones de cada una de las personas que forman parte de la relación. En la medida que haya más dimensiones implicadas y mayor grado de desarrollo de estas dimensiones y de cada persona en su totalidad, la relación será más completa y por lo tanto más satisfactoria para ambos.

La relación de una pareja madura tiene que ver con el amor, que es un fenómeno específicamente humano (Frankl) que supone la comunión íntima entre un yo y un tú que crea así una comunidad que ayuda a dar sentido a la existencia. Es un acto existencial o más bien coexistencial por ser una relación persona a persona, es por definición el amor a otro con el que se produce un encuentro.

Sobre la idea del amor podemos añadir lo que Fromm afirma:

– El amor es un arte, el fruto de un aprendizaje. Por ello, si queremos aprender a amar debemos actuar como lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, ya sea la música, la pintura, la carpintería o el arte de la medicina.

– El amor requiere conocer a la otra persona, requiere tiempo, requiere reconocer los defectos del ser amado, requiere ver lo bueno y lo malo de la relación

– Empezamos a amar no cuando encontramos una persona perfecta, sino cuando aprendemos a ver perfectamente una persona imperfecta.

Pero para saber encontrar a la pareja adecuada antes hay que haberse encontrado a uno mismo. La elección verdadera y plena sólo puede florecer a la luz de la verdad de uno mismo. Es necesario que uno sea “yo” antes de ser un nosotros. No se puede elegir libremente antes de estar realmente formado para ello. Para poder tener una relación con otra persona, uno tiene que tener una relación auténtica consigo mismo. Yendo a la idea de las dimensiones que he dicho antes, sería el completarse como ser humano como un todo armónico para llegar a una relación de pareja realmente madura y completa. Pero la mayoría de nosotros aún no hemos llegado a la perfección y esto no quiere decir que no podamos tener una pareja, sino que hay que seguir cuidando el desarrollo personal desde el centro de uno mismo para favorecer la armonía de la relación, porque si no podemos caer por ejemplo en actitudes de querer tapar lo que nos falta con la relación, o de querer someter al otro para compensar nuestras carencias.

El objetivo no es poseer, dominar, ser dominados o tapar agujeros, sino compartir un espacio de nuestra vida, caminar juntos siendo nosotros mismos, sin asfixiar al otro, sin ser posesivos, caminando al lado del otro en libertad. Una relación ideal sólo existe cuando no es necesaria para la supervivencia de ambos miembros de la pareja. Si no somos capaces de abrazar nuestra propia soledad, utilizaremos al otro como escudo contra nuestra propia soledad. Sólo cuando uno es capaz de vivir en soledad es capaz de amar a otra persona; sólo entonces puede importarle realmente el crecimiento del otro al que se ve como compañero de viaje.

En las relaciones es frecuente que haya aspectos problemáticos y conflictivos, o bien haya puntos de vacío o desencuentro que no se acaban de llenar. Es posible que la relación perfecta no exista porque tampoco es fácil encontrar a la persona perfecta y completa a todos los niveles, si es que existe… Y además tal vez fuera aburrido ser perfecto porque quizás no hubiera mucha tarea de la que aprender ni ninguna humildad que aprender a desarrollar. Pero sí que podemos apuntar a una relación que sea lo más integral, plena y evolucionada posible.

Para poder crecer juntos es importante tener un proyecto común, una dirección común. El objetivo no es el otro sino que el otro es un compañero de camino hacia el mismo objetivo.

Dicho objetivo puede tener que ver con la conciencia que querer llegar a la máxima realización de ambos y reforzándose el uno al otro en una misma evolución. El verdadero amor implica que ambas personas compartan la búsqueda de una verdad superior que supone finalmente la máxima realización de un amor interpersonal.

En la siguiente imagen podemos ver dos personas mirando juntos hacia el sol, esta imagen podría simbolizar la idea de buscar una verdad superior. La luz podría representar esa verdad superior que uniría a ambos en la búsqueda.

LA PAREJA INTEGRAL DESDE EL MODELO DE WILBER

El modelo de Wilber nos propone una visión integral de la psique humana que podemos utilizar para comprender al ser humano como ente aislado, pero que también podemos aplicar a la interacción de cada uno de dichos seres humanos. En función del grado de desarrollo de cada uno de ellos y de la participación de sus diferentes dimensiones podremos ir construyendo la idea de una pareja integral.

1.    Cuadrantes

En la imagen de los cuatro cuadrantes podemos visualizar cuatro aspectos fundamentales de nuestra realidad. La relación de pareja ha de contar con los aspectos contemplados en los cuatro cuadrantes para poder ser más global. Si en una relación sólo contamos con uno de los cuadrantes las posibilidades de la relación se reducen y se empobrecen.

Si nos quedamos sólo con el cuadrante superior derecho, es decir, el del mundo objetivo o material, esa relación se queda reducida a la corpóreo que en este contexto sería lo sexual como mecanismo meramente fisiológico.

Si añadimos a la consideración el cuadrante superior izquierdo (el del mundo interno y subjetivo) ya podemos introducir el mundo de los sentimientos subjetivos que pueden ser de lo más elemental a lo más elaborado, dentro de los que el gusto por el otro o el enamoramiento serían experiencias elementales y puntos de partida posibles pero no la máxima realización de ese mundo interior de cada uno de nosotros. La máxima realización sería en el amor maduro, pero el amor no se puede entender solamente desde la subjetividad porque para su crecimiento y desarrollo es necesaria la relación con otro que sería un tú y la relación con Otro que sería el Tú con mayúsculas dentro del contexto de una espiritualidad cristiana. Además, para que esa vivencia del amor sea completa es necesario seguir aludiendo a los otros cuadrantes y por supuesto tener en primer lugar una conciencia de la integración del cuadrante superior derecho, descrito anteriormente, con el superior izquierdo, es decir, entre el cuerpo y nuestro mundo interno que podemos identificar con la mente y el alma. Sin una unificación entre cuerpo, mente y alma es imposible un encuentro real con el otro. Sin cuerpo no existimos ni experimentamos, ni tampoco nos relacionamos.

Así la visión del amor de la pareja ya empieza a adquirir una perspectiva más amplia. A esto podemos añadir el tener una concepción de la persona como un ser único e irrepetible que se encuentra en la relación amorosa como otro ser único e irrepetible.

Sería como reconocer el valor de una obra determinada de arte que somos cada uno de nosotros en este mismo momento. Si además hay una visión trascendente de la realidad podemos experimentar la conciencia de que este mundo y nosotros somos una expresión artística de entidad por encima de nosotros mismos y que se expresa a través nosotros. En este sentido de ese algo trascendente que se expresa a través de nosotros, a través de nuestra corporalidad, es interesante la idea Cristiana de la encarnación en la que Dios se hace hombre y por lo tanto se hace carne, es el Espíritu que se expresa a través de un cuerpo salvando la distancia que suponen otras religiones monoteístas. Y ese Espíritu encarnado del que hablamos, se supone desde el Cristianismo que también se puede expresar a través de todos y cada uno de nosotros.

Tenemos entonces la unión de los dos cuadrantes superiores con una dimensión que los trasciende y se introduce en ellos que pertenecería al ámbito espiritual y que enriquecería el mundo interior y el mundo objetivable, siendo siempre una persona una unidad no separable más que conceptualmente. Hasta aquí podemos entender más o menos bien lo que es un humano aislado.

En lo que concierne a relaciones entre personas tendría que ver la posibilidad de expresar el amor desde lo más elemental a lo más elevado desde el interior de nosotros mismos al interior de otro a través del puente de comunicación que supone nuestra corporalidad. Al introducir la relación ya estamos dando un salto al siguiente cuadrante, el del nosotros, el cuadrante inferior izquierdo.

A continuación habría que considerar los otros cuadrantes que serían el cuadrante inferior izquierdo que implicaría un nosotros. Aquí crece la posibilidad de integrar a un yo y un tú en una comunidad específica y única en la que interaccionan dos personas.

Pero si nos quedamos en este nosotros que implica a dos personas espirituales y corporales aún hay algo que falta porque la relación el riesgo de quedarse cerrada sobre sí misma. Corre el riesgo de que el nosotros de los dos miembros de la pareja se aíslen y no interaccionen con el mundo, y esto que puede ser fuente de problemas o suponer un ensimismamiento en la relación.

El que la relación se cierre sobre sí misma puede partir de una postura egoísta, o de una posición narcisista de creer ser tan únicos que el resto del mundo no merece la pena, o bien de la falta de conciencia de lo que la propia relación puede aportar al mundo, un mundo en el que la aportación de un amor completo puede ser una gran riqueza. Además existe la posibilidad de que la relación se pueda enriquecer de otros elementos de la realidad como la relación con otras personas o por la pertenencia a un ámbito socio-cultural determinado; y por eso añado lo que aporta el último de los cuadrantes que es el inferior derecho que pertenece al ellos. El ellos pueden ser los amigos, la sociedad, las instituciones, el decidir la forma que la relación adquiere desde la perspectiva social (como por ejemplo en forma de matrimonio) y puede tener la vertiente de crear una comunidad familiar a través de traer hijos al mundo en el que los ellos que aparecen se acaban incorporando al nosotros como familia.

Por lo tanto, una relación de pareja más integral ha de tener en cuenta y funcionar desde estos cuatro cuadrantes sin obviar ninguno de ellos para no caer en un reduccionismo o parcelación del amor.

2.    Niveles

En líneas anteriores se ha hecho alusión a la dimensión espiritual como una dimensión superior que trasciende y a la vez engloba o impregna la realidad. Dicha dimensión es una dimensión más de los seres humanos que está por encima y embebiendo otras dimensiones:

Y habría que integrar la idea de estas dimensiones o niveles dentro del desarrollo dentro de cada uno de los cuadrantes. Es decir, en cada cuadrante hay elementos de lo más elemental o material a lo más complejos y en todos ellos la máxima realización o completud se produce al llegar al plano espiritual. Sin todos estos elementos, la vivencia de la relación con uno mismo o con la pareja es algo parcial.

Sintetizaré las dimensiones que refiere Wilber en tres: cuerpo, mente y espíritu. El ser humano es una unidad de cuerpo, mente y espíritu, que no siempre actúan unificadamente y que si se disocian o separan pueden originar tres posibles actitudes:

1) Desde el cuerpo: sería la capa más superficial de la persona y la más primitiva. Se produce una atracción hacia otra persona por un impulso originado en el cuerpo por atención al cuerpo del otro o a un rasgo corporal. Siempre es algo transitorio.

La situación de reducir la relación al cuerpo queda muy bien expresada en la siguiente imagen.

2) Desde la mente: que es una dimensión más profunda que la del cuerpo. Se produce una conmoción en la emotividad psíquica por rasgos de carácter o anímicos de otro y genera lo que comúnmente se llama enamoramiento. No llega tampoco al verdadero ser esencial del otro y también es transitorio.

El cuerpo y la mente centran su atención en algo que el otro ser humano tiene y no en lo que es. Desde esta perspectiva se generan relaciones superficiales que buscan un tipo de persona, pero no a la persona en sí, por lo que se genera una relación impersonal en la que se tiene al otro como posesión sin necesidad de amarle.

Ese estado de enamoramiento queda muy bien reflejado en el siguiente cuadro de Klimt.

3) Desde el espíritu: El espíritu sería lo más profundo de la persona, pero también algo que le hace salir de sí misma porque le trasciende más allá de su individualidad. Para las visiones occidentales de la espiritualidad o religiones monoteístas de identificará con Dios y aportaría una fuente extra de fuerzas y riqueza para la relación. El implicar al espíritu posibilita que intervenga la totalidad de la persona con los elementos anteriores.

Quien realmente ama no es por algo que tenga el ser amado, sino que lo ama a él mismo por lo que es. Siendo capaz de ver a través del “ropaje” de la persona. No ve un tipo de cuerpo o alma sino a la persona como a un ser único en la que las capas más externas cobran el valor de la expresión de lo más interno y profundo, expresándose lo espiritual en lo corporal y en lo anímico que serían un signo para el amante de algo que hay detrás pero que no se agota en sus manifestaciones externas.

El siguiente cuadro Klimt integra esa parte espiritual en forma de un halo brillante que rodea a la pareja, aparte de una ternura amorosa que se pone de manifiesto en el gesto de un beso que tiene “algo más” que lo que se percibe en las imágenes anteriores.

Del encuentro de los espíritus de dos personas surge el amor verdadero, pero esos espíritus se expresan a través de un cuerpo y con unas mentes determinadas. El añadir lo espiritual da origen a la forma más alta posible de lo erótico, es la forma más profunda de interrelación con otro ser humano. Se produce una afectación en lo más hondo del espíritu por el portador espiritual en su totalidad. Por tanto el amor sería la orientación directa hacia la persona espiritual del ser amado en cuanto algo único e irrepetible según puso de manifiesto el psiquiatra Viktor Frankl.

La capacidad para amar es necesaria para que se pueda integrar y vivir la sexualidad de una forma sana. En la que la sexualidad nos sería un fin sino un medio para expresar el amor, que puede subsistir sin la sexualidad porque hay otras posibilidades de expresar el amor.

En palabras de Frankl: “Solamente el yo que tiende a un tú puede integrar el propio ello”.

Una relación es un encuentro con otro ser humano, con otra persona y resulta interesante el poder llegar a poder observar el interior de la relación con el otro en toda su amplitud y profundidad. No se pone únicamente en juego simplemente del acontecimiento misterioso y gratuito del enamoramiento, sino que se abre el camino de una educación profunda al amor, con consistencia y capacidad de entrega de sí a través de una unidad de dos. Pero aparte de esta unidad de dos si añadimos la dimensión espiritual podemos tomar conciencia de que esa unidad de dos no está cerrada sobre sí misma, porque en la espiritualidad existe la capacidad de la trascendencia, es decir de ir más allá de uno mismo o en este caso de los dos mismos que están unidos por algo que les sobrepasa si realmente hay amor. En ese sobrepasamiento del amor se pone de manifiesto la riqueza de lo espiritual. Ese algo que sobrepasa que se expresa como amor podría identificarse con lo que las religiones monoteístas llaman Dios. Entonces quizás lo de la unidad dual haya que amplificarlo a unidad “trial”.

Además esta luz de Dios o de la trascendencia puede ayudar a que cada uno tenga una experiencia de la totalidad y la independencia que puede favorecer una relación más equilibrada por no pretender que sea el otro el que se haga responsable de nuestra vida y que cargue con nosotros, sino que aprendamos a caminar juntos y a apoyarnos mutuamente. Esto puede surgir de la comunión con Dios, que sería una fuente inagotable de luz y de amor que se puede aportar a la relación. Sólo liberándonos podemos amar con plenitud a nuestra pareja y a nuestros semejantes así como al mundo que Dios ha creado.

En ese sentido os cito una poesía de Raissa Maritain que dice lo siguiente:

« El Amor !
Es el amor a lo que estamos predestinados
desde el origen del mundo.
El amor. Qué es comunicación de las delicias
y la alegría.
El amor es recíproco y total,
ligero, alegre, volviéndose eternamente
a las fuentes de la vida eterna. »
Sobre al amarse en Dios o en el Amor con mayúsculas habría mucho que hablar por su riqueza y complejidad, pero está claro que es algo presente para muchas personas que sienten armonía y fuente de crecimiento a través del amor por alguien concreto. En este amar que también supone ir más al fondo del origen de nuestro ser y de cómo se configura nuestro corazón humano y por lo tanto espiritual. Es decir, que cómo aprendemos y experimentamos el amor desde que nacemos nos guía para descubrir el amor personal y el Amor superior.

También quiero destacar la idea de la importancia de personalizar el amor, de amar a cada uno como ser único e irrepetible y no amarle como un ser abstracto. Porque uno ama a quién conoce y con quién se relaciona, y en los amores sin un conocimiento real del otro no suele haber futuro. También desde una perspectiva espiritual podemos tomar conciencia de que cada uno de nosotros somos seres únicos, aunque haya aspectos comunes entre nosotros o mapas de lo que somos no hay dos personas iguales, por suerte porque entonces seríamos clones. Y cuando nos enamoramos de alguien es por ser quién es y no nos vale un doble que se le parezca.

El personalizar el amor supone tomar al otro en su valor absoluto y ofrecerle el homenaje puro que merece a través de un amor maduro que sea fruto de una elección de la voluntad. En la personalización adecuada del amor es importante tener en cuenta la totalidad bio-psico-espiritual de la persona amada.

Dentro del personalizar el amor es importante destacar la idea de la complementariedad no sólo personal sino la complementariedad que se produce entre el hombre y la mujer, en la que uno es inseparable del otro e inaferrable por el otro. Habiendo siempre elementos de identidad y diferencia y por lo tanto la posibilidad del enriquecimiento mutuo a través de un abrirse al misterio del otro. En esa apertura al misterio del otro y expresión del amor existe la maravillosa posibilidad de esa relación de tener la máxima posibilidad de creación que tiene el ser humano, la posibilidad de la procreación, la posibilidad de dar vida a otro ser único e irrepetible con el que también podemos entrar en relación, lo cual si se hace desde una mayor conciencia y desarrollo resulta mucho más enriquecedor para uno mismo y para el mundo. Es la posibilidad de la transmisión de la vida a través de la creación de una vida única lo que también es una forma de contribuir al arte de este mundo y de expresar de una manera renovada nuestro amor.

En la siguiente imagen se puede ver expresada de diversas formas esa riqueza de la posibilidad de dar lugar a una nueva vida. Una vida que también ha originado nuestro ser de una misma manera, a través de la relación de una pareja.

Y otra opción es concebir la idea de esa creatividad a través de todas las posibilidades que se nos abren con el nacimiento de un niño, como se muestra de una manera humorística en la siguiente viñeta:

Y por último acabo con otra viñeta en la que se muestra de forma magistral la idea de las posibilidades (conocimiento profundo de uno y otro) y las contradicciones de una relación de pareja.

Ponencia de Marible Rodriguez en el marco de las III Jornadas Integrales.
Mayo de 2005.