La motivación transpersonal. Una herramienta para ayudarnos a descubrir el movimiento motivacional propio.

Mercedes Subirana García

La otra mañana desayunando mi hijo de doce años hablaba en voz alta en un juego conocido por los que recordamos momentos de infancia. -¿Imaginas que hubiera un chico igual que yo en algún lugar del mundo, un clon como yo? ¿Imaginas que fuera eso lo que hay que hacer en la vida, encontrarse a sí mismo? ¿Imaginas que fuera esa la misión de la vida, encontrarlo y así no me moriría? ¿Podría ser, no, mama?…

Imaginar vosotros cómo podría estar yo de perpleja ante semejante juego imaginativo conectando con esa intuición de eternidad que solo depende de encontrase a sí mismo. La imaginación de este hijo se concretó seguidamente con los obstáculos que él podía sospechar que impedirían este juego suculento que le presentaba aquella mañana su imaginación. -Tal vez si lo encontrara en la china no sería como yo porque tendría los ojos alargados. Él mismo se contestaba y calmaba ante tremenda dificultad, -seguro que tendría que encontrarlo en Colombia o en Argentina o tal vez en EEUU.

Yo presenciaba ese deambular imaginativo con una reverencia ante lo que ocurría y sin poder reaccionar mucho le pregunté: la vida es misteriosa y puede que ocurran cosas como las que imaginamos, ¿tú lo buscarías si supieras que es verdad? Mi hijo contestó con una condescendencia de quien escucha una evidencia, -pues claro que lo buscaría, lo buscaría hasta encontrarlo.

El ser humano, el adulto, el anciano y por supuesto también los niños, somos seres teleológicos, seres con un impulso de totalidad que nos dirige a sentirnos llamados por el misterio, por la totalidad; somos impulsados por una fuerza que nos lleva hacia la búsqueda de Unidad, una Unidad que somos y a la que pertenecemos más allá de ser conscientes de ello.

En el contexto en el que se sitúa este trabajo, el psicológico hemos visto recorrer las diferentes perspectivas teóricas acerca de los motivos que mueven a los seres humanos a realizar sus proyectos de vida. La teoría de la motivación ha pasado de presentar al placer y la libido según Freud como movilizadora de la acción humana a la imperiosa fuerza del poder y necesidad de superioridad versus inferioridad que nos expone Adler. Seguidamente a estos dos grandes enfoques de motivación humana como son el placer y el poder encontramos en Frankl un tercer enfoque motivacional más abarcador como es la búsqueda de sentido. Sin dejar de aceptar como válidas estas fuerzas movilizadoras y, notando que cada una de ellas resulta más amplia que las anteriores y que, a su vez, las incluye, podemos considerar que todas ellas son asumidas en la visión integral. La visión integral considera que la fuerza motivadora última de la vida humana es la búsqueda de Unidad, la necesidad de actualizar cada ser humano, cada adulto, anciano y niño la naturaleza divina a la que pertenece y le es dada como propia.

Esta perspectiva teórica la podemos ver en diferentes autores como son Assagioli, Maslow, James y por supuesto todos los incluidos en la psicología transpersonal con Wilber como máximo representante.

Al impulso que lleva a actualizar la naturaleza divina en cada ser humano, Wilber lo llama el proyecto Atman, se trata de una búsqueda que va a presentar una forma particular de actualizarse en cada uno de nosotros. Así cada hombre, mujer, niño, anciano resuelve su vida, sus relaciones, la organización del tiempo, los proyectos en los que se va a implicar, el sentido que cobrará la vida, etc. de acuerdo a esta motivación y las posibilidades de gestionarla.

Recordemos cómo en el niño de doce años con el que iniciamos la presentación se da este anhelo de eternidad, esta necesidad de no morir se proyecta en el encuentro con un igual a él, un clon que encontrará en algún lugar del mundo y al que estaría dispuesto a buscar si supiera que existe de verdad. En un terreno intuitivo e imaginativo según yo lo veo, él conecta con este anhelo de Unidad, de Plenitud y le da la forma particular posible para su momento evolutivo.

En palabras de Wilber “Cada estadio es una búsqueda de Dios que tiene lugar en unas condiciones que no llegan a alcanzar a Dios. El alma aspira a la Unidad a través de las limitaciones del estadio presente, un estadio que todavía no es la Unidad.” (Wilber, 1996)

En cada estadio las circunstancias que vive una persona le impiden y a la vez muestran caminos y soluciones a sus necesidades, por supuesto a las necesidades básicas: de seguridad, de pertenencia, de logro, afiliación, etc. y asimismo a las necesidades transpersonales o metamotivaciones según Maslow: de Belleza, Bondad, Verdad, Justicia, Integridad, Unidad…

El precio del desarrollo es el enfrentamiento continuo a esta tensión existente entre la polaridad que se nos presenta de continuo en el vivir: vida-muerte; quietud-movimiento; equilibrio-desequilibrio; luz-oscuridad; seguridad-inestabilidad, etc. Cada nuevo desarrollo, cada nueva etapa que enfrentamos en la vida incluye una pérdida, una muerte que nos duele y en consecuencia, normalmente tratamos de evitar, pero sin ella no hay nueva vida. En este proceso de búsqueda y encuentro, de renuncia y superación de las etapas, de enfrentamiento a las crisis y sus dificultades algo que hacemos es dirigirnos hacia el encuentro de satisfacciones y gratificaciones simbólicas que sustituyen temporalmente el dolor y sufrimiento que conlleva el madurar, gratificaciones variadas que nos llenan temporalmente como pueden ser el sexo, la comida, el dinero, la fama, la erudición, el poder, etc.

Detrás de muchas de las energías puestas en este tipo de logros y satisfacciones que sin duda son legítimas, se encuentra una búsqueda de la naturaleza última esencial, una búsqueda de Unidad. De esta manera el desarrollo humano va recorriendo su trayecto de vida trasladando esta búsqueda de Unidad de un objeto de satisfacción (necesidades básicas) a otro. Ante aquello que le satisface, la persona se queda hasta saciarse, hasta agotarlo; cuando esto ocurre, si no hay estancamiento se produce un traslado del proyecto de vida dirigido en este caso a la satisfacción de un nuevo motivo de alimento vital. Siguiendo a Maslow podemos ver el proceso motivacional como un continuo de necesidades jerárquicas a satisfacer como son las fisiológicas, de seguridad, de pertenencia, autoestima (estima y logro), autorrealización y finalmente las metanecesidades que incluyen a las trascendentes. (Maslow, 1991, 2001)

Resulta muy gráfico en nuestro contexto clínico y formativo observar el trabajo con las biografías personales y descubrir cómo se suceden los entusiasmos que van de dar la vida por una nueva pareja a otra, de estar volcada en un rol profesional envidiable a una maternidad abnegada, de una conquista por bienes y seguridad boyante a encontrar que todo ello es hueco y no estimula para nada con esa pregunta tan temida en la franja de los 45 años ¿todo esto para qué?…

Si volvemos a Wilber veremos que esta es una de las líneas de desarrollo en su teoría integral y que correlaciona con otras líneas como pueden ser la moral, la cognitiva, la afectiva y la de identidad. (Wilber, 1996)

Este dato es una gran ayuda para nuestras láminas y su aplicación; a través del relato escrito de una persona podemos observar las necesidades que están reflejándose y de qué manera se presenta su satisfacción o insatisfacción. El umbral de necesidades que están siendo atendidas en principio establece la hipótesis de correlación con otras líneas de desarrollo como son la afectiva, la interrelacional, la moral, etc. Una persona puede descubrir pistas de su nivel de desarrollo evolutivo a través de estos relatos. Este es un presupuesto con el que funcionan las láminas que mostramos como herramienta.

Las láminas y su utilización didáctica así como lo proponemos ofrecen una oportunidad de exponerse uno mimo a un estímulo que favorece la emergencia y expresión de material inconsciente en forma de un relato personal. El posterior “diálogo” con este relato permite ir dando cuenta a la persona de la órbita motivacional en la que se encuentra en este momento. El trabajo con las láminas favorece encontrarse ante las respuestas de nuestro inconsciente a la pregunta indirecta y subjetiva ¿por dónde me corre la vida en este momento?

Las láminas son una invitación a descubrir la dimensión relacional de una persona. De cómo se relaciona consigo misma, de cómo con los demás y por supuesto con la vida así como con la trascendencia. El ser humano es un ser relacional, un ser que se relaciona continuamente y observar cómo y desde dónde nos relacionamos resulta una clave reveladora. Las láminas ofrecen algunas pistas de esta dimensión humana.

El movimiento que puede detectarse en las láminas de aproximación y separación, de encuentro y desencuentro, de individualidad y pertenencia a lo grupal, entre otras, resultan una clave diagnóstica. La búsqueda de Unión conlleva una vivencia de separación. Nadie buscaría aquello que reconoce tener y es por ello que nos sentimos individuos incompletos y separados incluso en muchos casos aislados. Cada etapa, cada nivel de conciencia, desde cada diferente momento vital las necesidades de unión y desunión, la necesidad de pertenecer o no, de que me des y de darte yo…son diferentes. Cada etapa presenta un nuevo conflicto de relación a resolver que precisa unos recursos diferentes para enfrentarlo. En las láminas vemos esto reflejado. Descubrimos a través del “diálogo” con el relato y con la profundización de sus símbolos los diferentes grados que presentan las fronteras internas, con lo que puede una persona y con lo que le duele demasiado, con lo que reconoce de sí misma y lo que le es tan ajeno que no puede contemplar, lo que anhela y no llega a reconocer sin embargo se siente impulsada por ello, lo que evita, etc.

La necesidad de sentirnos formar parte de algo, de alguien, de todo, de la Totalidad de ser UNO en la UNIDAD es un derecho y una pauta en nuestro camino de evolución personal. Ayudarnos en este proceso es una amabilidad que nos debemos y que podemos hacer por nosotros mismos. Reconociendo las diferentes heridas de las tantas separaciones que hemos tenido, tenemos y tendremos nos acerca al Camino de búsqueda de sí mismo, al encuentro de ese clon que alguno imagina perdido en algún lugar del mundo y sin embargo se encuentra dentro de cada uno de nosotros.

El trabajo con estas láminas en primer lugar ha sido y son una gran ayuda para mí, para mi búsqueda de sentido, de reconocimiento propio, para descubrir por dónde me corre la vida y por dónde me escapo. Pero ha sido y es un privilegio acompañar procesos que se han visto estimulados y catapultados por estas imágenes y lo que han producido a partir de ellas. Agradezco este aprendizaje que ahora comparto con vosotros y os animo a descubrir con ellas algunas de sus posibilidades.

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